De dos a tres años: comer solo sin romper nada
La etapa en la que la vajilla infantil empieza a estorbar. Cuándo pasar a la vajilla de la casa y qué conservar.
Entre los dos y los tres años la vajilla infantil empieza a jugar en contra. El niño ya come razonablemente solo, quiere lo mismo que los demás, y el plato de silicona con dibujo de conejo le señala como el pequeño de la mesa justo cuando lo que le motiva es lo contrario. Es la etapa de la transición, y se hace por piezas, no de golpe.
Qué se jubila y qué se conserva
Se jubila la ventosa. Ya no aporta nada y estorba al recoger la mesa.
Se jubila el plato con compartimentos, si es que se llegó a usar.
Se conserva el tamaño. Esta es la parte que se olvida. Un plato de adulto lleno para un niño de dos años es una montaña de comida que desanima antes de empezar. Lo que hay que mantener no es el material infantil sino la escala: plato de postre en vez de plato llano, vaso pequeño en vez de vaso de agua, cubierto de café en vez de cuchara sopera. Con la vajilla normal de casa se resuelve casi siempre sin comprar nada.
Se conserva un cuenco hondo para lo que se come con cuchara y salpica.
El vaso de vidrio, antes de lo que parece
La recomendación que más sorprende y la que más veces he visto funcionar: un vaso pequeño de vidrio templado, de los de café cortado, a partir de los dos años. El motivo no es estético. Un niño trata con cuidado lo que percibe frágil, y con un vaso irrompible no tiene ninguna razón para desarrollar ese cuidado. Con vidrio, en dos semanas cambia la forma de cogerlo y de posarlo.
Hay que asumir que alguno se romperá, y elegir vidrio templado precisamente por eso: se fragmenta en trozos pequeños de arista roma en lugar de en esquirlas. No es para todas las casas ni para todos los niños, y en una casa con un hermano pequeño gateando por el suelo no tiene sentido. Pero merece la pena considerarlo antes de lo que la intuición sugiere.
El cuchillo
A los tres años empieza a tener sentido un cuchillo infantil, que no es un cuchillo pequeño sino otra cosa: hoja sin filo, punta redondeada, con capacidad de cortar un plátano o una tortilla pero no de cortar un dedo. Los hay de acero romo y de plástico rígido dentado.
En la práctica esto se comprueba con el dedo: si el canto de la hoja se puede recorrer con la yema sin notar filo, sirve. Y conviene que sea de una sola pieza, sin mango encajado, por el mismo motivo que a esta edad todo debe ser de una pieza.
Cuándo se acaba la vajilla infantil
Cuando el niño coma lo mismo, en el mismo tipo de plato y a la misma hora que el resto, ya no hay una categoría “vajilla infantil”: hay platos de casa en tamaño pequeño. Eso suele ocurrir entre los tres y los cuatro años, y llega antes si come acompañado.
Lo único que conviene conservar más allá de esa frontera es el juego de piezas del picnic y la comida fuera de casa: ahí el plástico ligero e irrompible sigue ganando durante años, y no por el niño sino por la mochila.
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